jueves, 19 de febrero de 2009

La burbuja inmobiliaria japonesa


He oído muchas veces en los últimos meses a personas que se atreven a comparar la actual situación del mercado inmobiliario español con la que vivió Japón en los 80 (y que llevó al país a una terrible recesión que aún les dura), arguyendo que la burbuja inmobiliaria hispana ha sido de proporciones similares a la nipona. Y por eso creo interesante apuntar algunos datos que tal vez eviten que más de uno se haga el harakiri en un arrebato madmaxista:
- En los años 80, Japón prosperó mucho comercialmente (bendita electrónica) y los bancos de aquel país se lanzaron a comprar tierra y acciones.
- El valor de los activos inmobiliarios empezó a crecer desproporcionadamente, a la par que el valor de las acciones de las empresas que los poseían. Las empresas usaron esa revalorización de sus acciones para comprar más inmuebles. Se formó así una espiral inflacionista de la leche: cuantos más pisos compras, más vale tu empresa y más pisos puedes comprar.
- En el periodo entre 1955-1989, el valor de los pisos se multiplicó ¡por 75! Es decir, que si nos parece una barbaridad que en España hayan subido un 270%, imaginaos un 7.500%.
- En 1989, el valor de los inmuebles de Japón era de 20 billones de dólares, ¡el 20% de la riqueza mundial! El equivalente a ¡cinco veces! el valor de TODO el territorio de los EE.UU.
- Un sólo barrio de Tokio valia lo mismo que todo Canadá. El Palacio Imperial de Tokio valía lo mismo que todo el Estado de California.
- La bolsa, como ya he dicho, subió a la par. En 1984, el índice Nikkei alcanzó los 11.542 puntos. En 1989, llegó a los 38.915. La empresa Nomura Securities valía más que todas las casas de bolsa estadounidenses juntas.
- ¿Cómo se fue todo a la porra? Entre 1988 y 1990, el Banco Central de Japón subió los tipos de interés del 2,5% al 6% (para evitar la hiperinflación y la devaluación del yen frente al dólar). Como consecuencia, el valor de las acciones se desplomó y el Nikkei perdió un 63% de su valor muy rápidamente, a lo bruto.
- Los precios de los inmuebles se derrumbaron.
- Dado que las acciones tenían como garantía los bienes inmuebles, el sistema financiero entró en una grave crisis. El precio de la vivienda cayó durante catorce años seguidos y apareció algo que no había habido hasta entonces en Japón: el paro (aunque sólo un 5,4% -en 2002-).
Bien, ¿qué diferencias hay con respecto al caso español? Bastantes, y muy importantes:
- La magnitud de la escalada de precios no tiene nada que ver con nuestro caso (no creo que Madrid valga lo mismo que todo EE.UU.).
- Aunque la bolsa española se ha dejado un 40% en 2008, el valor de nuestras empresas no está respaldado ÚNICAMENTE por activos inmobiliarios.
- El euro es, hoy por hoy, la moneda más estable y fiable del mundo (hasta los ingleses se están planteando liquidar su tan amada libra para unirse al euroclub).
- La estructura empresarial japonesa era distinta a la nuestra: allí funcionaba el "gobierno de las empresas", llamadas "keiretsus". Estos "keiretsus" tenían en su cima una gran entidad financiera y, debajo, una oscurísima maraña de empresas con participaciones cruzadas. La política y las empresas estaban totalmente fusionadas: toda la sociedad japonesa estaba dirigida por una pequeña elite empresarial con el beneplácito del Gobierno. Vale, aquí en España el Santander y el BBVA son los que cortan el bacalao, pero no son los dueños de todas las demás empresas ni se encargan de regular la educación que reciben los chavales en la escuela desde que son pequeños. Este oscurantismo fue crucial para la prolongada duración de la crisis.
En fin, el caso es que, pese al mal ejemplo que suponen los japoneses, tendremos que ser todos capaces de currar como japoneses para salir adelante y que esta crisis no nos dure catorce años a nosotros también.

martes, 10 de febrero de 2009

El hombre de las mil caras


Lon Chaney fue un gran actor del cine mudo y un maestro del maquillaje. Aunque es recordado sobre todo por sus interpretaciones como el fantasma de la ópera y el jorobado de Notre Dame (hace ya 90 años), hizo más de un centenar de películas, aunque siempre cobró muy poco. "Nunca valdrás más que 100 dólares a la semana", le dijo un productor de la Universal (qué triste es que, 90 años después, a los becarios les sigan diciendo la misma frase).
Chaney (cuyo hijo, Lon Chaney Jr., sería un famoso hombre lobo en la época de Lugosi y Karloff) inventó lo que él llamaba "caracterización extrema", consistente básicamente en ponerse capas y capas de maquillaje hasta resultar totalmente irreconocible. Pero el valor más destacado de sus interpretaciones, muchas de personajes horribles y monstruosos, era que, pese a su horrible aspecto, conseguía que el espectador viese a un ser humano debajo, alguien a quien podría llegar a comprender, no un mero arquetipo de "malvado".
Chaney murió a los 47 años de una hemorragia de garganta provocada por un cáncer de pulmón. Aquí podéis ver un vídeo de homenaje:

jueves, 29 de enero de 2009

El gran Harry Houdini

No hay muchas actuaciones de Houdini que hayan sido grabadas; quizá por ello su leyenda sea tan grande: las hazañas siempre parecen más meritorias cuando te las cuentan... Viéndolo en acción, uno se pregunta si intenta escapar o si está sufriendo un ataque epiléptico:

lunes, 26 de enero de 2009

Los monstruos de Lovecraft


Nunca me ha gustado el estilo sintáctico de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937). Sus construcciones me parecen farragosas e innecesariamente emperifolladas (bastante propias, por otro lado, de los autores estadounidenses de principios del siglo XX). Pero eso no quita para que sus creaciones me gusten. Porque, si bien la forma de su literatura no me parece buena, el fondo, las historias que cuenta, me parece magnífico. Y al fin y al cabo, la literatura no es más que contar historias. Al que ya le haya leído, no le descubriré nada nuevo, y al que aún no haya tenido el placer, espero no reventarle ninguna trama.
El terror que cultivó Lovecraft fue uno de tipo físico-atávico, mezclado con el género de ciencia-ficción. Algo así como las pelis de 'Alien', vamos. Pero todo ello en la atmósfera de los relatos de Poe. ¿Un 'Alien' gótico? Por qué no...
¿De dónde sacó la inspiración, en aquella época de no-televisión, para llenar sus libros de extraterrestres superpoderosos reconvertidos en deidades de las profundidades? De la astronomía, por un lado. El tipo quería estudiarla en la universidad, pero nunca se graduó en el instituto porque una crisis nerviosa le impidió aprobar el examen final de Matemáticas (la vergüenza por no haberse graduado le persiguió toda su vida). Se crio en Rhode Island, descendiente directo de unos de los primeros pioneros del Mayflower y toda la pesca. Su padre murió loco en un hospital cuando Howard era pequeñito y su madre le mortificó durante toda su infancia diciéndole que era feo (no por cierto deja de ser cruel) y que nunca llegaría a triunfar, aparte de ordenarle que no jugara con niños de inferior categoría social. Total, que creció sin amigos, con la única compañía de los libros de la biblioteca de su abuelo y tan enfermizo, que cualquier temperatura inferior a los 20 grados centígrados le hacía sentirse fatal físicamente.
Conociendo esos datos, uno puede hacerse una mejor idea de lo que empujó a Lovecraft a crear tan magníficos monstruos y mitologías. ¿Que todavía no has leído nada suyo? ¿Y a qué esperas?

lunes, 19 de enero de 2009

Coltán: nuestro vergonzoso secreto


¿Oro? ¿Petróleo? ¿Diamantes? No. El principal material estratégico en el siglo XXI es el coltán (o coltan), una mezcla de dos minerales: columbita y tantalita. ¿Que por qué es tan importante? Pues porque de él se extrae el tantalio, que se usa principalmente en la fabricación de condensadores, y esos condensadores electrolíticos de tántalo están en casi todos los ordenadores, teléfonos móviles, pantallas de plasma, cámaras digitales... Y es que estos condensadores de tántalo son más exactos, soportan mayores temperaturas y son muchísimo más pequeños que los demás. Es decir, que si queremos tecnología miniaturizada, necesitamos coltán.
El problema es que el coltán es un material muy escaso. Y el 80% de las reservas mundiales se encuentra en el Congo. Más concretamente, cerca de la frontera con Ruanda. De vez en cuando nos llegan noticias de la guerra que arrasa esa zona del planeta desde hace muchos años. Luchas tribales, golpes de Estado... Nos suenan diversas causas, pero la principal, poder controlar los yacimientos de coltán, pasa desapercibida. Actualmente, los ruandeses controlan la explotación y lo venden a los países del primer mundo. Y como los países del primer mundo son los que se benefician de ese expolio en suelo congoleño, continúan financiando y suministrando armas a Ruanda, Uganda y Burundi en sus guerras contra Angola, Namibia, Zimbabue, Chad y las milicias Hutu y Mai Mai.
Y aquí es indispensable para que funcionen nuestros aparatitos tecnológicos, que venden las mismas megacompañías que sostienen una importantísima parte del pastel publicitario que ingresan los medios de comunicación. En consecuencia: hablar de los diamantes de sangre en los medios y que la gente se conciencie, vale; pero hablar del coltán, la verdadera lacra de África Central, está prohibido. No lo veremos nunca en nuestro medios de comunicación de masas.
Aquí abajo os dejo una imagen de una de esas minas, en las que, por cierto, los niños son los trabajadores más valorados: tienen manos pequeñas y hábiles, comen menos y se quejan muy poco.

lunes, 5 de enero de 2009

¿Qué fue de Al Capone y Eliot Ness?


Es bastante conocido el pulso que mantuvieron el gánster Al Capone y el agente del Departamento del Tesoro estadounidense Eliot Ness durante la época de la Ley Seca en la ciudad de Chicago. Aquella historia termina en octubre de 1931, cuando Capone fue condenado a 11 años de prisión por 22 cargos de evasión fiscal principalmente. Pero... ¿qué fue de Ness y Capone?
Alphonse Capone, al que podéis ver aquí abajo cuando era joven (casi adolescente, pero ya da miedo el tipo), comenzó a cumplir su condena en 1932 en una prisión de Atlanta (la celda que podéis ver arriba, especialmente acondicionada por él mismo, es en la que estuvo durante 10 meses de 1929-30 por posesión de un arma encubierta), pero, como seguía controlando todos sus negocios desde la cárcel sin problemas, en 1934 fue trasladado a Alcatraz.

En Alcatraz le prohibieron toda comunicación con el exterior y empezó a sufrir demencia (causada por una sífilis sin tratar que una prostituta le contagió de jovencito). Muy enfermo, fue liberado en 1939 y se retiró a una casa que tenía en Miami. Se recluyó totalmente y murió de un derrame cerebral en 1947.
Por su parte, Eliot Ness, tras la condena de Capone, fue ascendido a Investigador Principal de la Oficina de Prohibición para Chicago y, cuando terminó la Ley Seca, en 1935, fue nombrado Director de Seguridad Pública de Cleveland. En esa ciudad luchó contra la corrupción en la Policía y el Cuerpo de Bomberos, pero cayó en desgracia al ser incapaz de atrapar a un cruel asesino en serie, el Asesino del Torso, que mutilaba salvajemente a sus víctimas. Dimitió en 1942 tras sufrir un accidente de coche por conducir bajo los efectos del alcohol (qué irónico). Se presentó para alcalde de Cleveland en 1947, pero perdió. En 1957 publicó su famoso libro 'Los Intocables', que serviría de inspiración a tantas obras del cine y la televisión. Pocos meses después murió de un infarto.

martes, 16 de diciembre de 2008

El mito de las huelgas japonesas


¿Qué es una huelga a la japonesa? ¿Trabajar más horas y a más velocidad para generar un exceso de producción que la empresa no pueda colocar en el mercado y sufra por tanto pérdidas millonarias? Pues no. En realidad, lo de que los trabajadores japoneses hacen huelga trabajando más es sólo una leyenda urbana. Un mito. Los japoneses tienen merecida fama de ser muy trabajadores y, por eso, era fácil creerse el bulo. Pero, pensándolo fríamente, ¿no podría una empresa que sufriese una "huelga a la japonesa" simplemente dejar de suministrar materia prima a sus trabajadores para que estos no generasen sobrestock? Lo que sí es cierto es que no utilizan la típica huelga que nosotros conocemos –no ir a trabajar y, por tanto, no cobrar–, sino que, como gente inteligente, recurren a un sistema de protesta mucho más taimado: trabajan las mismas horas que siempre (y, por tanto, cobran lo mismo) pero prestando poca atención a lo que hacen, con lo que los productos contienen más errores y la empresa sufre pérdidas económicas por las devoluciones y, lo que es más importante, pérdida de prestigio por la mala calidad de sus productos. En España sería difícil adoptar este formato de huelga "de celo", ya que hay demasiada gente que la practica como norma sin ni siquiera pretenderlo. Por el lado bueno, en nuestro país no tenemos costumbres empresariales como tener que cantar el himno de la empresa al inicio de la jornada o participar obligatoriamente en actividades lúdicas antiestrés como el disfrazarse de animalitos...

martes, 2 de diciembre de 2008

Stanislav Petrov, el hombre que salvó al mundo del holocausto nuclear


Por muy pocos es conocida la figura de Stanislav Petrov, el teniente coronel de la URSS que, gracias a su sentido común y sangre fría, evitó que nuestro planeta fuera destruido el 26 de septiembre de 1983, fecha del poco difundido 'Incidente del Equinoccio de Otoño'.
En aquella fecha, Petrov se encontraba al mando del búnker Serpukhov-15, el centro militar desde el que se coordinaba la defensa aeroespacial soviética. Su misión era alertar de cualquier ataque realizado por los estadounidenses, lo que daría lugar a la inmediata respuesta nuclear rusa y la consecuente destrucción total. Tres semanas antes, los soviéticos habían derribado un avión coreano de pasajeros que había invadido su espacio aéreo, matando a 269 personas, entre ellos varios americanos. A las 00:14 el ordenador del búnker detectó un misil balístico americano lanzado desde la base de Malstrom (Montana, EE.UU.) y avisó de que alcanzaría la URSS en 20 minutos. Petrov pensó que podría tratarse de un error y decidió esperar. Al poco, las pantallas le indicaron que cuatro misiles intercontinentales más habían sido lanzados y se dirigían hacia su país. ¿Qué hacer? Su deber era alertar para inicar el contraataque masivo, pero su sentido común le llevó a pronunciar una frase que nos salvó a todos: "Nadie empieza un ataque nuclear con sólo cinco misiles". Y estaba en lo cierto: los cinco "misiles" no eran sino reflejos del sol filtrado a través de las nubes que el ordenador confundió con las estelas de misiles nucleares.
Como premio a su decisión, los altos cargos del Ejército soviético le recriminaron por no cumplir sus órdenes a rajatabla y le destinaron a un puesto inferior, a la par que echaban tierra sobre el asunto.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Julio Verne: ¿viajero del tiempo o adivino?


La teoría oficial es que Julio Verne (1808-1905) era un tipo inquieto con una gran imaginación que, gracias a sus conocimientos de los avances técnicos y científicos de su época, predijo en sus novelas multitud de vehículos y hazañas que han llegado a convertirse en realidad un siglo después, como los cohetes espaciales y la llegada del hombre a la Luna. La teoría de la conspiración nos dice que Jules Verne fue en realidad un viajero procedente del futuro que, atrapado en un viaje al siglo XIX, aprovechó sus conocimientos de lo que estaba por venir para vivir de sus novelas e inspirar, al mismo tiempo, a los ingenieros que habrían de llevarlas a cabo. ¿Con cuál de las dos teorías quedarse? "La primera", habría dicho yo sin dudar... antes de leer su novela 'París en el siglo XX', la "novela perdida" de Verne.
Esta obra, publicada por primera vez en francés en 1994, fue escrita en 1863 y se mantuvo oculta en una caja fuerte del escritor durante 130 años hasta que fue descubierta por un bisnieto suyo. Verne la guardó tras recibir una carta de su editor en la que rechazaba el manuscrito diciéndole que nadie leería una novela tan pesimista y que la publicación de dicho texto supondría un desastre para su reputación como escritor. La novela comienza en París, en agosto de 1960 y su protagonista es un estudiante de literatura despreciado por los demás en un mundo dominado por el dinero y la ciencia. Por un lado, Verne, que siempre había sido defensor de los avances científicos, critica duramente el efecto de éstos en la sociedad y, por otro, vaticina una serie de aparatos demasiado larga para no empezar a plantearse aquella segunda teoría sobre el autor: automóviles movidos por motores de gasolina de combustión interna, trenes de alta velocidad, calculadoras, internet, la silla eléctrica, ¡la Torre Eiffel!... Así, Verne escribe, por ejemplo: "La mayor parte de los innumerables coches que surcaban la calzada de los bulevares lo hacían sin caballos; se movían por una fuerza invisible, mediante un motor de aire dilatado por la combustión del gas"; o "Ya no cortaban la cabeza a nadie. Le fulminaban con una descarga". Habla de la globalización de los mercados financieros mediante los avances tecnológicos, como el "telégrafo fotográfico", que hace posible enviar a cualquier parte el facsímil de un documento y firmar contratos a 10.000 km de distancia. Los parisinos viajaban por la ciudades en un ferrocarril metropolitano formado por cuatro círculos concéntricos y la luz eléctrica iluminaba toda la ciudad por la noche (recordemos que lo escribió antes de que eso sucediera).
Algunas frases sueltas: "El latín y el griego no sólo eran lenguas muertas, sino enterradas". "Aunque ya nadie leía, todo el mundo sabía leer". "No había hijo de artesano ambicioso, de campesino desplazado, que no pretendiera un puesto en la Administración". "Lo importante no era alimentarse, sino ganar con qué alimentarse". "Serás mayor de edad a los 18". "Se comprende que el consumo de papel aumentase en proporciones inesperadas; los bosques ya no servían para calefacción, sino para la impresión". "¡Concierto eléctrico! ¡Y qué instrumentos! Doscientos pianos comunicados entre sí a través de una corriente eléctrica tocaban juntos de la mano de un solo artista"...
Desde luego, da que pensar...

jueves, 30 de octubre de 2008

Acerca del manga


Todos sabemos que el manga son las historietas japonesas, pero hace poco me picó la curiosidad sobre su origen y me estuve informando con un poco más de profundidad. Aquí os pongo algunos datos que me parecen interesantes a modo de culturilla general:
-"Manga" se traduce literalmente como "dibujos caprichosos" o "garabatos" ("man" significa "dibujo" y "ga", "informal").
-El término lo inventó hace 200 años Hokusai Katsushika, un dibujante de ukiyo-e (esos grabados con típicas estampas japonesas; aquí os pongo un ejemplo).

-Durante el periodo Edo (1603-1868), el ukiyo-e evolucionó mucho y dio lugar a las primeras narraciones que se podrían aproximar al manga moderno.
-La unión del ukiyo-e y el estilo occidental de secuencias dio lugar al manga en la era Meiji (1868-1912). Los artistas occidentales se maravillaban de la belleza exótica que les transmitía el ukiyo-e y lo usaron junto a las nuevas técnicas del cómic occidental. Charles Wirgman y George Bigot fueron los representantes más relevantes de esa corriente. Aquí, un detalle de una página de Wirgman:

-Al llegar la Segunda Guerra Mundial, el manga comenzó a verse influenciado por los relatos bélicos, con personajes invencibles. En 1945 las autoridades estadounidenses de ocupación prohibieron este tipo de historietas.
-En la dura posguerra, la industria del entretenimiento floreció como evasión psicológica y aparecieron los "libros rojos", obras baratas de 200 páginas en blanco y negro y con portadas rojas. Osamu Tezuka, triunfó con su primer libro rojo, 'La nueva isla del tesoro', del que vendió más de 500.000 ejemplares.
-En 1988 el manga se popularizó en Occidente gracias a la película 'Akira'.
-Un autor de manga es denominado "mangaka".

martes, 21 de octubre de 2008

Auguste Maquet, el negro de Dumas


Una de las mayores injusticias cometidas en la historia de la literatura es la adjudicación de la autoría de 'Los tres mosqueteros' y 'El Conde de Montecristo' a Alexandre Dumas padre (su hijo también fue escritor, y mejor persona que él). Dumas padre escribió más de 300 obras en su vida, una cantidad de trabajo que se explica con el dato de que llegó a trabajar con 63 "colaboradores", a los que hoy llamaríamos "negros". El mejor de ellos fue Auguste Maquet, quien renunció a que su nombre apareciera junto al de Dumas (mucho más comercial que el suyo) a cambio de una pasta gansa. Maquet organizaba la estructura general del argumento y el primer borrador. Sobre él, Dumas añadía detalles (los editores les pagaban por línea) y descripciones. En una ocasión, Alexandre Dumas padre le preguntó a su hijo: "¿Has leído mi nueva novela?". Y su hijo le contestó: "Sí. ¿La has leído tú?". En 1851, tras diez años de colaboración, Maquet dejó de colaborar con Dumas y, más adelante, le llevó a juicio para reclamarle el dinero que creía que valía su trabajo. El juez no le dio la razón, porque, aunque el trabajo de documentación histórica y la mayor parte del trabajo de escritura era de Maquet, consideró que el "color" lo ponía Dumas. Injusticias de la vida... y la literatura. Aquí abajo tenéis a ambos (Maquet es el de la izquierda).

miércoles, 1 de octubre de 2008

Bartleby: "I would prefer not to"


Herman Melville escribió el relato 'Bartleby, el escribiente. Una historia de Wall Street' en 1853. El protagonista, Bartleby, ha inspirado y servido de ejemplo a hordas de jóvenes apáticos durante siglo y medio y se ha llegado a convertir en el símbolo de la no-acción. Ya se han rodado tres películas inspiradas en el relato, pero hace falta remontarse al origen para comprender la profundidad de Bartleby en toda su potencia...

La historia es narrada por el propietario de un despacho jurídico para el que trabajan tres copistas, a cual más extravagante, y que decide un buen día (desgraciado para él) contratar a un joven pálido y delgado que le parece poseedor del carácter adecuado para realizar la pesada tarea de copiar páginas y páginas de documentos jurídicos que luego deben ser revisados concienzudamente por parejas durante horas. El joven, llamado Bartleby, se muestra silencioso y cortés, aplicado a su repetitiva tarea en un escritorio con vistas a un muro de ladrillo. Pero un día, cuando el jefe le requiere para que revise con él uno de los documentos, Bartleby responde sencillamente: 'I would prefer not to' (Preferiría no hacerlo). Su jefe insiste, pero recibe la misma sencilla respuesta: 'I would prefer not to'. Esta mítica frase, pronunciada con cortesía, desarma a su superior, pues no niega el acatamiento de la orden ni lo concede: simplemente manifiesta el deseo de no llevarla a cabo.

A partir de entonces, Bartleby sólo pronuncia esa frase, rehusando hacer cualquier acción, sin argumentar el motivo ni revelarlo de ningún modo. Además, su jefe descubre un domingo que Bartleby jamás abandona la oficina, ya que, de hecho, vive allí, sin hacer absolutamente nada y... No voy a revelar nada más porque no es cuestión de chafar la historia a quien no la conozca. Podéis leer el relato entero aquí.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Patrick O'Brian y el mar


Cuando pensamos en literatura naval, tres apellidos suelen acudir a la llamada: Melville, Stevenson y O'Brian. Este último es, en mi opinión, el más relevante de los tres (por míticos que sean 'Moby Dick' y 'La isla del tesoro'). Abrir una novela del británico Patrick O'Brian significa pasarse horas enganchado a una aventura que no soltarás hasta habértela leído del tirón o haber caído dormido de agotamiento. Porque sus libros enganchan con el "¿y qué pasará a continuación?" de una forma insuperable; en la novela histórica anglosajona sólo Bernard Cornwell podría aspirar a compararse con él en este aspecto. El gran público le conoce hoy, a través del cine, gracias a una de sus mejores obras: 'Master and Commander'.

Richard Patrick Russ (1914-2000), más tarde llamado Patrick O'Brian, no era irlandés como él decía, sino inglés, descendiente de un médico alemán. Estudió en Dublín y siempre quiso enrolarse en la marina, pero una enfermedad respiratoria se lo impidió, así que se dedicó a escribir sobre su pasión. Con sólo 12 años escribió su primer libro, que fue publicado cuando él tenía 15. Todas sus obras posteriores a su primera publicación quedaron destruidas por una bomba que cayó en su estudio de Chelsea durante la II Guerra Mundial, conflicto durante el que trabajó en el Departamento de Desinformación Propagandística de los Servicios de Inteligencia británicos. Ya en la década de los 50, mientras se ganaba la vida como traductor de francés, alcanzó el reconocimiento público con su libro 'The Catalans' (1953), una novela que entusiasmó a una editorial estadounidense por su rigor histórico hasta el punto de encargarle una novela naval. Y en 1970 O'Brien escribió 'Master and Commander', la primera de una saga de ¡21! novelas sobre las aventuras del capitán de la Royal Navy Jack Aubrey y su amigo y compañero, el médico, naturalista y espía catalano-irlandés Stephen Maturin, durante las guerras napoleónicas. En España se han publicado todas las novelas de la serie menos la última, titulada en inglés 'The Final Unfinished Voyage of Jack Aubrey' y publicada en 2004 en el Reino Unido, cuatro años después de la muerte de O'Brian. Si os gustó la película (que, aunque tomó el título del primer libro de la serie, sigue la narrativa del décimo, titulado en España 'La costa más lejana del mundo'), ya sabéis... Tenéis continuaciones para largo. Y merecen la pena, sin duda.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Stallone: buen actor, mejor guionista


Todo el mundo asocia a Sylvester Stallone con sus papeles más conocidos, Rocky Balboa y John Rambo, personajes que se caracterizan por usar principalmente su musculatura y dejar en un segundo plano su cerebro, simple y de instintos primarios. Por ello es fácil caer en la trampa de considerar a Stallone un culturista descerebrado que llegó a la fama a base de levantar pesas y que defiende la violencia. Pero no es así...

Sylvester Gardenzio Stallone nació en Hell's Kitchen (Nueva York) en 1946, hijo de una astróloga y de un estilista. Fue un parto difícil en el que tuvieron que utilizar fórceps y éstos le provocaron la parálisis de un nervio facial de por vida (de ahí su lenta forma de hablar). Estudió en el American College of Switzerland y en la Universidad de Miami. En su época de universitario empezó a recibir clases de interpretación, pero no destacaba en esta faceta. Así que se puso a escribir guiones, y vio que se le daba mejor que actuar. En 1974, con 28 años, se casó; y al año siguiente, viendo un combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner en Cleveland, se inspiró para escribir el guion de 'Rocky'. El guion era magnífico, lo sabía. Y enseguida despertó el interés de la United Artists. Por aquella época, él y su mujer estaban totalmente arruinados, pero aún así se mantuvo firme en su exigencia de que fuese él quien interpretara el papel principal, algo que la productora no estaba dispuesta a aceptar. Le llegaron a ofrecer 100.000 dólares de la época por el guion, pero los rechazó. Vendió a su perro para comprar comida. Y finalmente la United Artists le concedió el papel principal. En 1976 la película se llevó 3 Oscars, y Stallone fue nominado para los premios al Mejor Guion y al Mejor Actor. La película le lanzó a la fama y al dinero. "Si hubiese aceptado aquellos 100.000 dólares, luego me habría colgado de un cerezo", aseguró en una entrevista.
Stallone también redactó el guion de la primera película de Rambo, 'Acorralado' (adaptando la novela 'First Blood', de David Morrell) y dotó al personaje de mucha más humanidad de la que tenía en la novela. Los Rambos y Rockys posteriores, siempre escritos por él, pueden ser peores, pero demuestran el compromiso de un actor, productor y director con la labor primigenia de todo filme, aquella que le abrió las puertas, la del guionista. Y por fin parece que va a poder satisfacer su afición por la literatura, ya que ha escrito el guion de su próximo proyecto como productor y director: 'Poe', una película sobre la vida del famoso escritor, que, según se rumorea, podría ser interpretado por un ya cincuentón Viggo Mortensen.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Fu-Manchu, un villano de leyenda


Existen unos cuantos personajes literarios que, por su originalidad y carisma, han logrado permanecer en la memoria colectiva de la sociedad durante generaciones. Y todos ellos han alcanzado semejante popularidad gracias al cine (quizá Don Quijote sea la excepción...). El personaje del que quiero hablar hoy, Fu Manchú, esa genial creación del inglés Sax Rohmer (1883-1959), también es recordado por sus películas más que por sus novelas y fue interpretado en sus apariciones más recordadas por un gran encarnador de malvados, Christopher Lee. ¿Te suena la expresión "tiene más trampas que una película de chinos"? Pues se la debemos a Fu Manchú. Aquí van unos breves datos sobre el "diablo amarillo": Fu Manchú nació en 1840, hijo del noble Sir William Clayton y Ling Ju Hai, perteneció a la nobleza, estaba forrado, era experto en venenos e ingeniería y poseía enormes hordas de esbirros y ninjas a su servicio; en 1875 conoció a Sherlock Holmes y, a partir de 1880, se dedicó a fingir la muerte de eminentes científicos para recluirlos en su isla y hacerles trabajar al servicio de sus diabólicos planes de destrucción del mundo occidental (sí, coincide con el perfil de Osama Bin Laden en casi todo). Habría logrado cumplir éstos si en 1883 no hubiese nacido el protagonista "bueno" de sus libros y películas, Sir Denis Nayland Smith, sobrino de Sherlock Holmes (hijo de una hermana de éste, en concreto). Nayland era un investigador que iba siempre acompañado del fiel doctor Petrie (no, éste no era familiar del doctor Watson) y que derrotaba una y otra vez al villano asiático.

"Imagínate una figura clásica de mandarín chino; un hombre de alta estatura; delgado, de miembros recios, felino en sus actitudes y movimientos, con un entrecejo como el de Shakespeare y un rostro de expresión verdaderamente satánica. De su cráneo afeitado pende la coleta tradicional de los hijos del Imperio Celeste. Sus ojos tienen el fulgor magnético de los ojos de la pantera". (Extracto de 'El Demonio Amarillo', novela publicada en español en 1935).
Aquí podéis ver un fragmento de la película 'La máscara de Fu-Manchú', con Boris Karloff como el villano:


Pese a que los personajes podrían parecer copias de los de Conan Doyle (si consideramos a Fu Manchú una versión oriental de Moriarty), las novelas y películas de esta saga son buenas por su trama y ambientación, perfectamente adaptadas a una época, la victoriana, en la que el crimen organizado y la fascinación por todo el abanico de nuevas posibilidades que la ciencia aportaba al hombre a la luz del nuevo siglo, tanto para el bien como para el mal, enganchaba la atención del público y creaba un halo de misterio y fascinación que en nuestra época de conocimiento ya se ha perdido. La primera novela de Fu Manchú, 'The Mistery of Doctor Fu-Manchu', apareció en 1913, aunque en España la primera que vio la luz fue 'El Escorpión de Oro', en 1929, seguida de 'El demonio amarillo' (1935) y 'El diabólico doctor' (1935). En el cine, fue primero interpretado por Boris Karloff en los años 50 ('La máscara de Fu Manchú') y luego, ya en los 60, por Christopher Lee. 'El regreso de Fu Manchú' (1965), 'Fu Manchú y el beso de la muerte' (1968) y 'El castillo de Fu Manchú' (1969) son algunas de sus películas. Aquí abajo puedes ver al simpático Sax Rohmer vestido al estilo de su malvado personaje (y fumando en pipa, cómo no).

viernes, 5 de septiembre de 2008

El poeta de la parranda


El mexicano José Alfredo Jiménez no sabía tocar ningún instrumento, ignoraba lo que era un vals o una tonalidad y, para componer, le silbaba las melodías a un amigo suyo. Sin embargo, es considerado el mejor compositor de música ranchera de todos los tiempos. Hijo de un farmacéutico, nació en 1926 y falleció en 1973, a los 47 años. Murió tan joven a causa de una cirrosis hepática provocada por su alcoholismo. Porque el bueno de José Alfredo era un bebedor compulsivo: todas sus penas las ahogaba con tequila, especialmente las provocadas por el desamor. Y fueron decenas las mujeres que le rechazaron. Y fue en las cantinas donde halló la inspiración para componer tantas y tantas canciones (más de mil) que han llegado a ser interpretadas por muchos grandes artistas del siglo XX. La gran mayoría de ellas, con el amor insatisfecho como tema y con la resignación frente a una copa de tequila como contexto, en medio de un ambiente de bohemia mexicana años 50. Algunas de sus canciones, popularizadas por María Dolores Pradera, Luis Miguel, Jorge Negrete o Chavela Vargas entre otros muchos, son 'El rey', 'Si nos dejan', 'Paloma querida', 'En el último trago' o 'El Jinete'. Las dos últimas fueron versionadas hace unos años por Los Rodríguez y Enrique Bunbury respectivamente. ¿Fue un desgraciado? ¿Quién sabe? Sufrió de amores, vivió en el trago y la parranda, sufrió con su cirrosis... y logró pasar a la historia.

jueves, 28 de agosto de 2008

Ismail Kadare, el Delibes de Albania


El escritor albanés Ismail Kadaré (Gjirokaster, 1936) es sin duda el mejor escritor de su país. Estudió en la Universidad de Tirana y luego en la de Moscú, hasta que su país y la URSS rompieron relaciones y hubo de regresar a Albania. En 1990, antes de que cayera el comunismo en su tierra, pidió asilo a Francia. "Las dictaduras y la literatura auténtica son incompatibles", afirmó. Uhm... Aunque comprendo lo que quiere expresar con esas palabras, me hace gracia la expresión "literatura auténtica": ¿acaso hay una literatura que sea de mentira? En mi opinión sólo hay géneros y estilos. Se puede decir que un escrito es soso, poco trabajado, aburrido, grotesco, infantil, pedante, repetitivo... Pero no por ello ha de dejar de ser considerado literatura. El calificativo "auténtico" siempre fue usado, precisamente, por los dictadores...
Frases lapidarias aparte, Kadaré es un magnífico autor, que me recuerda en muchos aspectos al entrañable Miguel Delibes, por sus descripciones costumbristas del mundo rural y por sus personajes, tan reales y tan personajes a la vez. 'Abril quebrado' es uno de los mejores libros que he leído y 'El palacio de los sueños', probablemente su obra más famosa, es muy superior a las pesadillas burocráticas de Kafka. En ella se narra la carrera funcionarial de un joven en un palacio al que llegan continuamente mensajeros que se dedican a recopilar todos los sueños que tienen las gentes del Imperio. Los sueños son estudiados y analizados uno por uno para ver si hay disidencia en ellos y son catalogados en función de su peligrosidad... Lo mejor de Orwell y Kafka juntos, pasado por la batidora del comunismo albanés y decorado con las descripciones de un genio costumbrista. Muy recomendable.

miércoles, 27 de agosto de 2008

¡A la calle!

La BBC ha despedido fulminantemente a Chris Price, un locutor deportivo de su emisora Radio Manchester por decir, durante un partido de fútbol, que un delantero estaba haciendo en la defensa del Bradford "más agujeros que en un avión español". He visto la noticia en la web del Manchester Evening News. Los oyentes se quejaron inmediatamente y la cadena, tras publicar una disculpa, ha despedido a Price. Bien por los oyentes ingleses, que protestaron ante algo que les pareció incorrecto aun tratándose de una tragedia sucedida en otro país; bien por la BBC, que sabe defender su imagen como debe ser: obligando al periodista a la disculpa y echándolo de una patada; mal por Price, quien, pese a tener sólo 25 años y trabajar en sus ratos libres en el Club de la Comedia, no puede excusarse alegando, tal y como ha hecho, que "sólo fue una frase ilustrativa, sin ánimo de hacer un chiste (es decir, que la defensa tenía agujeros como... como... ¡como los aviones españoles! ¡Una comparación muy apropiada, sí, señor!). Y yo ahora me pregunto: "¿Qué habría pasado si cambiamos la BBC por TVE y a Chris Price por María Escario, por ejemplo?". La respuesta la conocimos todos hace poco: una simple disculpa escrita y a otra cosa, mariposa. María Escario sigue siendo considerada una gran profesional y Chris Price, según los periodistas de la BBC, "un estúpido y un mal profesional". Y por eso, entre otras muchas cosas, la BBC es la BBC y TVE es TVE. Y po eso el periodismo en Inglaterra es una cosa seria y en España tiene una pésima imagen...

martes, 26 de agosto de 2008

Se merece nuestro respeto


He recibido un e-mail de Aída Berliavsky, autora de la obra 'Doron Benatar y el libro de los nombres muertos' en el que me pide que comente su obra en el blog. He de reconocer que no la he leído, pero, qué narices, alguien que publica su primera obra y se mueve y se lo curra para darla a conocer merece respeto y que sus esfuerzos no resulten inútiles (algo que produce melancolía). Así que aquí cito una sinopsis y, quien lo haya leído (¡compradlo, malditos; que hay que apoyar la literatura!), que aporte sus comentarios:
"Dorón Benatar es un tipo curioso, se convirtió en detective privado titulado siendo doctor en Filosofía pero cansado de hacer suplencias en colegios ricos con alumnos sólo preocupados por su pelo, su ropa y su móvil. Sus casos son intrascendentes hasta que se ve metido en la recuperación de un ejemplar único de la versión toledana del Necronomicón del siglo XVII robado a la familia Toledano. Inmerso en la investigación del robo, se verá envuelto en una espiral de intereses de sectas, sociedades secretas y bandas callejeras dispuestas a todo por obtener la posesión del libro. Pero no solamente la trama de la historia es atrayente, el personaje en sí mismo y el entorno en el que se recrea la acción también forman parte del atractivo del libro porque en él describe Madrid. Además, como judío madrileño que es, de madre askenazí y padre sefardí, salpica la acción con el discurrir cotidiano de una familia judía madrileña de nuestro tiempo y deja pequeños posos de la tradición cultural hebrea en forma de deliciosos relatos".

miércoles, 20 de agosto de 2008

¡Exterminad a todos los salvajes!


Joseph Conrad es para muchos pirados "el tipo que escribió 'Apocalipsis Now"; para otros, "el autor de 'El corazón de las tinieblas"; para unos pocos, Józef Teodor Konrad Korzeniowski, un emigrante polaco (que nació en Berdyczów, hoy Ucrania, en 1857) nacionalizado inglés que se pasó buena parte de su vida en la marina mercante. Fue esta experiencia la que marcó sus obras: aprendió el inglés (idioma en el que escribía pese a dominar mejor el francés, la lengua de las elites culturales por aquella época) tras enrolarse en un barco británico para evitar el servicio militar ruso; se vio involucrado en tráfico de armas y en conspiraciones políticas; se intentó suicidar a los 21 y en 1889, a los 32, visitó el Congo y se quedó horrorizado por los abusos que cometían los colonos contra la población nativa. Fue ese viaje el que inspiró 'El corazón de las tinieblas'. Y la última frase del informe-guía-panfleto que elabora el buen demente Kurtz para la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes –más que el superconocido "¡El horror! ¡El horror!"– es la que me llama la atención: "'¡Exterminad a todos los salvajes!". Y me intento colocar en la situación de Kurtz (figuradamente, por supuesto) y me pregunto: "¿Habría extraído yo la misma conclusión?". Si fuese un imperialista mercader de marfil que, gracias a mi tecnología superior, me he convertido en un semidios para los nativos de la jungla que rodea un puesto avanzado y les hiciese practicar rituales como un tirano, puede que sí. Pero si cambiamos la jungla por cualquier otro entorno hostil (como, por ejemplo, la consulta del dentista) y a los nativos africanos por personas cuyos criterios morales difieren y chocan con los míos (como, por ejemplo, el sádico dentista que es capaz de hacer oídos sordos a los gritos de dolor mientras urga en busca de caries)... ¿no sería capaz de aconsejar a quien quisiera escucharme que liquide a semejante monstruo? Si padeciese fiebre de la jungla, como Kurtz, imagino que sí... Creo que, con las condiciones adecuadas, todos podríamos ser Kurtz.
(Y esta tarde tengo que ir al dentista... ¡El horror! ¡El horror!)

lunes, 18 de agosto de 2008

No veo, no oigo, no digo maldades


Los tres monos místicos de la tradición japonesa llevan cuatro siglos indicando al ser humano qué debe hacer para alcanzar la sabiduría: no prestar oído a las maldades, negarse a presenciarlas y, sobre todo, no decirlas. Existe un longevo debate sobre el significado real de la pose de los simpáticos Mizaru, Kikazaru e Iwazaru (pues estos son sus nombres, con un juego de palabras entre la pronunciación de "saru", que significa "mono", y el sufijo de negación "zaru"): algunos dicen que simplemente representan el miedo humano, pues adoptan las posturas de reacción primaria ante él. Pero a mí me gusta más la primera hipótesis. Me hace pensar. En el periodismo, principalmente. ¿No es tarea de los periodistas escuchar y ver lo que ocurre –en su mayoría, cosas malas– para después contarlas? ¿Nos alejaría eso de la sabiduría? ¿Deberíamos ignorar las maldades y no hacernos eco de ellas? Quizá nuestra labor como meros transmisores de información debería dejar en manos del público la toma de decisiones filosóficas: aquí está, esto ha pasado, ahora tú verás si haces algo al respecto o si prefieres ignorarlo, no ver, no escuchar... Sí, quizás sería así... si fuésemos eso, "meros transmisores de información". Pero no lo somos. Somos personas y, por más que nos empeñemos, tomamos una postura ante una información, tenemos unos criterios previos, unas nociones de lo que es más o menos importante, de lo que interesa y de lo que no. Y nos transformamos en las manos que tapan los oídos de la gente, en las manos que ciegan sus ojos, en las que taponan las bocas de aquellos cuya opinión no nos interesa. De igual forma, hay otras manos que nos tapan ojos, boca y oídos a los periodistas: las de nuestros anunciantes, las de la postura editorial del medio para el que trabajamos, las del tiempo y el espacio disponibles...
No creo que la sabiduría se alcance mediante no ver, no oír y no decir maldades. Creo que nos acercaremos a ella cuando sean las propias manos de cada mono las únicas que se posen en su cabeza.

martes, 12 de agosto de 2008

Gutenberg y los cuentos de terror


El terror es uno de los géneros que más seguidores fieles atrae. Bien lo intuía aquel herrero alemán al que, allá por 1449, le dio por inventar la imprenta de tipos móviles: la segunda obra que imprimió –tras el 'Misal de Constanza'– fue una de terror, sabedor de que dicho tipo de escritos eran los que mejor se venderían (aunque para su desgracia murió arruinado; ¡malditos préstamos bancarios!). Se titulaba 'La Biblia' y no es mi intención ofender a nadie, pero es innegable que reúne todos los elementos característicos del género: demonios, criaturas sobrenaturales, violencia, vísceras, matanzas de niños... E incluso ese fino terror-suspense al estilo Hitchcock, con Abraham conduciendo a su hijo a un monte donde el lector sabe que habrá de matarlo (¿Se salvará? ¿Se echará atrás el padre? ¿O sucumbirá al cruel chantaje divino? ¡Argh, qué angustia!). Es una obra que, si no fuese porque la edita quien la edita, jamás habría pasado una censura hace treinta años y que, sin embargo, se leía y hacía leer (y se lee y hace leer) a los niños desde su más tierna infancia. Y me parece estupendo. Los niños tienen que tener a su alcance obras lo más imaginativas posibles y, si bien la Biblia es un libro duro, no lo son menos los tradicionales cuentos infantiles, capaces de deshollar la sensibilidad de un caballero legionario: 'Las zapatillas rojas', del danés Andersen, por ejemplo. En esta obra, una niña pobre que de mayor quiere ser bailarina pierde a su madre y es recogida por una señora que le da pasta para que se compre unos zapatos para su puesta de largo. Ella desobedece y se compra unos llamativos zapatos rojos de baile, pecando de vanidad ante todo el pueblo (¡hay que joderse! ¡Sólo son unos zapatos!). Y encima se los pone para el funeral de su benefactora. Así que un tipo le echa una maldición en la iglesia y los zapatos se funden a sus pies y comienza a bailar sin parar. Y baila y baila hasta que, sintiendo que va a morir si no deja de bailar, va a ver al verdugo y le pide que le corte los pies. Y se los corta. Y la chica, con la lección aprendida y unos pies de madera, vive ¿feliz? desde entonces. ¿Y esto es para niños? ¡Si a mí me duelen los tobillos ahora mismo sólo de escribirlo!