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miércoles, 27 de agosto de 2008

¡A la calle!

La BBC ha despedido fulminantemente a Chris Price, un locutor deportivo de su emisora Radio Manchester por decir, durante un partido de fútbol, que un delantero estaba haciendo en la defensa del Bradford "más agujeros que en un avión español". He visto la noticia en la web del Manchester Evening News. Los oyentes se quejaron inmediatamente y la cadena, tras publicar una disculpa, ha despedido a Price. Bien por los oyentes ingleses, que protestaron ante algo que les pareció incorrecto aun tratándose de una tragedia sucedida en otro país; bien por la BBC, que sabe defender su imagen como debe ser: obligando al periodista a la disculpa y echándolo de una patada; mal por Price, quien, pese a tener sólo 25 años y trabajar en sus ratos libres en el Club de la Comedia, no puede excusarse alegando, tal y como ha hecho, que "sólo fue una frase ilustrativa, sin ánimo de hacer un chiste (es decir, que la defensa tenía agujeros como... como... ¡como los aviones españoles! ¡Una comparación muy apropiada, sí, señor!). Y yo ahora me pregunto: "¿Qué habría pasado si cambiamos la BBC por TVE y a Chris Price por María Escario, por ejemplo?". La respuesta la conocimos todos hace poco: una simple disculpa escrita y a otra cosa, mariposa. María Escario sigue siendo considerada una gran profesional y Chris Price, según los periodistas de la BBC, "un estúpido y un mal profesional". Y por eso, entre otras muchas cosas, la BBC es la BBC y TVE es TVE. Y po eso el periodismo en Inglaterra es una cosa seria y en España tiene una pésima imagen...

martes, 26 de agosto de 2008

Se merece nuestro respeto


He recibido un e-mail de Aída Berliavsky, autora de la obra 'Doron Benatar y el libro de los nombres muertos' en el que me pide que comente su obra en el blog. He de reconocer que no la he leído, pero, qué narices, alguien que publica su primera obra y se mueve y se lo curra para darla a conocer merece respeto y que sus esfuerzos no resulten inútiles (algo que produce melancolía). Así que aquí cito una sinopsis y, quien lo haya leído (¡compradlo, malditos; que hay que apoyar la literatura!), que aporte sus comentarios:
"Dorón Benatar es un tipo curioso, se convirtió en detective privado titulado siendo doctor en Filosofía pero cansado de hacer suplencias en colegios ricos con alumnos sólo preocupados por su pelo, su ropa y su móvil. Sus casos son intrascendentes hasta que se ve metido en la recuperación de un ejemplar único de la versión toledana del Necronomicón del siglo XVII robado a la familia Toledano. Inmerso en la investigación del robo, se verá envuelto en una espiral de intereses de sectas, sociedades secretas y bandas callejeras dispuestas a todo por obtener la posesión del libro. Pero no solamente la trama de la historia es atrayente, el personaje en sí mismo y el entorno en el que se recrea la acción también forman parte del atractivo del libro porque en él describe Madrid. Además, como judío madrileño que es, de madre askenazí y padre sefardí, salpica la acción con el discurrir cotidiano de una familia judía madrileña de nuestro tiempo y deja pequeños posos de la tradición cultural hebrea en forma de deliciosos relatos".

miércoles, 20 de agosto de 2008

¡Exterminad a todos los salvajes!


Joseph Conrad es para muchos pirados "el tipo que escribió 'Apocalipsis Now"; para otros, "el autor de 'El corazón de las tinieblas"; para unos pocos, Józef Teodor Konrad Korzeniowski, un emigrante polaco (que nació en Berdyczów, hoy Ucrania, en 1857) nacionalizado inglés que se pasó buena parte de su vida en la marina mercante. Fue esta experiencia la que marcó sus obras: aprendió el inglés (idioma en el que escribía pese a dominar mejor el francés, la lengua de las elites culturales por aquella época) tras enrolarse en un barco británico para evitar el servicio militar ruso; se vio involucrado en tráfico de armas y en conspiraciones políticas; se intentó suicidar a los 21 y en 1889, a los 32, visitó el Congo y se quedó horrorizado por los abusos que cometían los colonos contra la población nativa. Fue ese viaje el que inspiró 'El corazón de las tinieblas'. Y la última frase del informe-guía-panfleto que elabora el buen demente Kurtz para la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes –más que el superconocido "¡El horror! ¡El horror!"– es la que me llama la atención: "'¡Exterminad a todos los salvajes!". Y me intento colocar en la situación de Kurtz (figuradamente, por supuesto) y me pregunto: "¿Habría extraído yo la misma conclusión?". Si fuese un imperialista mercader de marfil que, gracias a mi tecnología superior, me he convertido en un semidios para los nativos de la jungla que rodea un puesto avanzado y les hiciese practicar rituales como un tirano, puede que sí. Pero si cambiamos la jungla por cualquier otro entorno hostil (como, por ejemplo, la consulta del dentista) y a los nativos africanos por personas cuyos criterios morales difieren y chocan con los míos (como, por ejemplo, el sádico dentista que es capaz de hacer oídos sordos a los gritos de dolor mientras urga en busca de caries)... ¿no sería capaz de aconsejar a quien quisiera escucharme que liquide a semejante monstruo? Si padeciese fiebre de la jungla, como Kurtz, imagino que sí... Creo que, con las condiciones adecuadas, todos podríamos ser Kurtz.
(Y esta tarde tengo que ir al dentista... ¡El horror! ¡El horror!)

lunes, 18 de agosto de 2008

No veo, no oigo, no digo maldades


Los tres monos místicos de la tradición japonesa llevan cuatro siglos indicando al ser humano qué debe hacer para alcanzar la sabiduría: no prestar oído a las maldades, negarse a presenciarlas y, sobre todo, no decirlas. Existe un longevo debate sobre el significado real de la pose de los simpáticos Mizaru, Kikazaru e Iwazaru (pues estos son sus nombres, con un juego de palabras entre la pronunciación de "saru", que significa "mono", y el sufijo de negación "zaru"): algunos dicen que simplemente representan el miedo humano, pues adoptan las posturas de reacción primaria ante él. Pero a mí me gusta más la primera hipótesis. Me hace pensar. En el periodismo, principalmente. ¿No es tarea de los periodistas escuchar y ver lo que ocurre –en su mayoría, cosas malas– para después contarlas? ¿Nos alejaría eso de la sabiduría? ¿Deberíamos ignorar las maldades y no hacernos eco de ellas? Quizá nuestra labor como meros transmisores de información debería dejar en manos del público la toma de decisiones filosóficas: aquí está, esto ha pasado, ahora tú verás si haces algo al respecto o si prefieres ignorarlo, no ver, no escuchar... Sí, quizás sería así... si fuésemos eso, "meros transmisores de información". Pero no lo somos. Somos personas y, por más que nos empeñemos, tomamos una postura ante una información, tenemos unos criterios previos, unas nociones de lo que es más o menos importante, de lo que interesa y de lo que no. Y nos transformamos en las manos que tapan los oídos de la gente, en las manos que ciegan sus ojos, en las que taponan las bocas de aquellos cuya opinión no nos interesa. De igual forma, hay otras manos que nos tapan ojos, boca y oídos a los periodistas: las de nuestros anunciantes, las de la postura editorial del medio para el que trabajamos, las del tiempo y el espacio disponibles...
No creo que la sabiduría se alcance mediante no ver, no oír y no decir maldades. Creo que nos acercaremos a ella cuando sean las propias manos de cada mono las únicas que se posen en su cabeza.